Talento y precisión en la complejidad de los detalles

Taller industrial de TABESA.

Tabacalera del Este S.A. (TABESA) produce por mes 3.000.000 de cigarrillos con especificaciones que responden a las diferentes versiones de las 15 marcas que comercializa. Esta productividad se mantiene a un ritmo laboral de 24 horas que se detiene solamente cuatro veces en el año, pausas previstas por las festividades más importantes.
Para que una planta fabril funcione con esa previsibilidad, el engranaje industrial debe operar con altos niveles de eficiencia y calidad. Y cuando de máquinas se trata, la capacidad de respuesta a los inconvenientes es un valor agregado que hace la diferencia.

En el taller industrial de TABESA, la obsesión por la calidad del lema corporativo transforma el hierro y los más variados materiales en repuestos forjados con talento y precisión por operarios que ponen pasión y compromiso en la delicada misión de proveer las piezas necesarias para que la producción no se detenga.

Juan Villalba, un autodidacta que posee cinco complejas maquinarias patentadas a su nombre, es el que dirige el taller que ubica a TABESA como la única industria que posee su propia fábrica de repuestos.

Las 40 personas que integran el plantel entre mecánicos, dos mujeres administrativas y limpiadoras que trabajan en tres turnos hacen posible que el taller fabrique hasta 120 tipos de repuestos para las diferentes máquinas de la planta.

Villalba, que tenía la experiencia de trabajar en su taller mecánico, hace 16 años fue convocado por el desaparecido socio propietario, don José Ávalos, para cumplir en TABESA la tarea de reparar y hacer ajustes de repuestos. Entonces el sector contaba con cinco operarios, dos tornos y una fresadora chica.

Hace ocho años, el Director Gerente General José Ortiz les propuso conformar el taller industrial y les dio la confianza y el respaldo económico para equiparlos con lo necesario y empezar a producir piezas propias.

Antes de tomar esta determinación, la empresa contrataba cada año a un profesor que los capacitaba; así fueron consiguiendo diseños y muestras que fueron armando como parte de la práctica, con tanta precisión y calidad que afrontan sin inconvenientes las pruebas del “durómetro”, la máquina que certifica la calidad de las piezas.

Al principio –recuerda Villalba- se fabricaban 2 o tres veces la pieza para que al cuarto salga bien, pero la práctica fue dando el resultado que hoy tenemos, repuestos cien por ciento confiables

Ese resultado se traduce en tiempo: “un repuesto que se tarda ocho meses en conseguir afuera, acá en el taller nosotros lo fabricamos en un día y medio”. Se traduce en presupuesto: “una máquina que traerla del exterior cuesta 120 mil dólares; que en el mercado local es de 52 mil dólares; en el taller nosotros la fabricamos gastando 6.800 dólares en materiales y 1.200 dólares en mano de obra, es decir un costo total de 8.000 dólares”.

Y también se traduce en prestigio: “siempre recibimos visitas de universidades y carreras terciarias afines, muchos ingenieros vienen a conocer el sistema de trabajo del taller”. Sistema que fue incorporando nuevos profesionales y avances tecnológicos para trabajar materiales como el acero, aluminio, bronce, acero inoxidable, poliuretano, celerón cobreo teflón.

El talento de Villalba en inventar sistemas, herramientas y maquinarias como el acople de la cigarrillera a la empaquetadora Link (que automatiza el proceso de empaquetado) se complementa con un trabajo en equipo que toma la experiencia de los mayores y valora el entusiasmo de los que dan sus primeros pasos, como es el caso de los jóvenes Luis Flecha (19), Aldo Villar (20) y Sergio Meza (21) que llegaron al taller como pasantes del Servicio Nacional de Promoción Profesional (SNPP).

Intuitivo y observador

Juan Villalba tiene 50 años y afirma que cuando ingresó a TABESA hace 16 años “me inicié como profesional”,
aunque su padre mecánico lo encaminara a la temprana edad de siete años “en los primeros trabajitos en un taller”.

Siempre en su ciudad Hernandarias cursó hasta el sexto curso y si bien pudo acceder a capacitaciones, incluso en San Pablo (Brasil), considera que lo suyo “es innato, intuición y mucha observación de cómo funcionan las cosas”.

Para él “es una gran satisfacción trabajar en TABESA”, donde se siente “respaldado y realizado como profesional”.
Su orgullo es el hogar conformado junto a su esposa Ida Beatriz y sus hijas Diana (23) Jésica (20) que trabaja en clasificación y reposición de repuestos de la fábrica, Jenny (16) y Janina (9).

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